En sistemas contra incendios hay una frase que puede sonar contradictoria:
“El edificio tiene rociadores, pero el riesgo existente no corresponde al sistema de rociadores instalado.”
A primera vista parece extraño. Si existen rociadores, tubería, risers, bombas y suministro de agua, ¿cómo puede decirse que el edificio no está adecuadamente protegido?
La respuesta está en una idea fundamental:
un sistema de rociadores no se diseña únicamente para un edificio; se diseña para un riesgo específico.
Y cuando ese riesgo cambia, también puede cambiar completamente el criterio de protección requerido.
El error de pensar únicamente en la existencia del sistema
Durante una visita a planta es común escuchar:
“Sí tenemos sistema contra incendios.”
Y efectivamente lo tienen.
Hay rociadores instalados en el techo, una red de tuberías, válvulas, estaciones de manguera y quizás incluso una bomba contra incendios.
Sin embargo, la verdadera pregunta debería ser:
¿Para qué riesgo fue diseñado ese sistema?
Porque un sistema puede estar perfectamente instalado y funcionar hidráulicamente, pero aun así no ser adecuado para la mercancía, altura de almacenamiento o configuración que existe actualmente.
Por ejemplo, un almacén puede haber sido originalmente diseñado para mercancías Clase I a IV y años después comenzar a almacenar grandes cantidades de plásticos Grupo A.
El edificio sigue teniendo rociadores.
Pero el riesgo ya no es el mismo.
Primero entendamos el problema, después revisaremos la norma
Antes de seleccionar un rociador o buscar una tabla en NFPA 13 o FM Global, debemos entender qué está ocurriendo realmente dentro del edificio.
Entre otras cosas necesitamos conocer:
- qué producto se almacena;
- cómo está empacado;
- si el plástico es expandido o no expandido;
- si está expuesto o dentro de cajas de cartón;
- la altura de almacenamiento;
- la altura del edificio;
- el tipo de rack;
- el ancho de los pasillos;
- la presencia de barreras sólidas;
- el espacio entre almacenamiento y rociadores;
- la geometría de la estructura;
- la temperatura del rociador;
- su K-factor;
- la presión disponible;
- y la configuración real del sistema.
Con esos datos podemos comenzar a responder la pregunta importante:
¿El sistema existente fue diseñado para controlar el incendio que razonablemente puede desarrollarse con esta configuración?
El mismo plástico puede representar riesgos diferentes
Uno de los mejores ejemplos está en los plásticos.
No basta con decir:
“Tenemos plástico.”
La forma en que se encuentra almacenado puede cambiar completamente el criterio.
Puede tratarse de:
- Cartoned Unexpanded Plastics.
- Uncartoned Unexpanded Plastics.
- Cartoned Expanded Plastics.
- Exposed Expanded Plastics.
La diferencia no es solamente de nombre.
El comportamiento esperado del incendio puede cambiar considerablemente.
Incluso colocar un producto dentro de una caja de cartón puede modificar la forma en que el fuego se desarrolla inicialmente y, por consecuencia, el esquema de protección que puede utilizarse.
Por eso no podemos reclasificar un producto simplemente porque necesitamos encontrar una tabla que nos dé un criterio de rociadores.
La clasificación debe describir la condición real del almacenamiento.
La altura también cambia el problema
Otro error frecuente consiste en revisar solamente la altura de almacenamiento.
La altura del edificio también importa.
Podemos tener una configuración de almacenamiento que aparentemente cumple con determinado criterio, pero descubrir que la cubierta se encuentra por encima de la altura máxima contemplada para ese esquema de protección.
Por ejemplo, un criterio puede permitir determinada mercancía almacenada hasta cierta altura cuando el edificio tiene una cubierta de hasta 40 ft.
Pero si el edificio mide 45 ft, 50 ft o 55 ft, ya no necesariamente podemos utilizar el mismo criterio.
Esto ocurre porque el espacio entre el incendio y el rociador afecta fenómenos como:
- el desarrollo de la columna térmica;
- el tiempo de activación;
- la distribución del agua;
- la interacción entre rociadores;
- y la capacidad del sistema para controlar o suprimir el incendio.
Por eso una diferencia aparentemente pequeña en la altura puede cambiar completamente la estrategia de protección.
Tener un ESFR tampoco resuelve automáticamente el problema
Otro concepto que genera confusión es el uso de rociadores ESFR.
En ocasiones se escucha:
“Tenemos ESFR K25, entonces estamos protegidos.”
Pero ESFR no es una clasificación universal de protección.
Un rociador ESFR tiene condiciones específicas de aplicación.
Su K-factor, presión mínima, número de rociadores considerados hidráulicamente, altura del edificio, altura de almacenamiento, mercancía y configuración deben coincidir con un criterio reconocido.
Por ejemplo, NFPA 13 establece metodologías específicas para el cálculo hidráulico de sistemas ESFR, normalmente considerando los 12 rociadores hidráulicamente más demandantes, distribuidos en cuatro rociadores sobre cada uno de tres ramales, salvo que el criterio aplicable establezca otra condición.
Pero calcular correctamente 12 rociadores no significa que el criterio de almacenamiento sea correcto.
Primero debemos confirmar que ese rociador y ese esquema de protección pueden utilizarse para el riesgo existente.
Después hacemos el cálculo hidráulico.
El problema aparece cuando cambia la operación
Muchos edificios industriales evolucionan.
La planta original quizá almacenaba materia prima en piso.
Después aparecen racks.
Posteriormente aumenta la altura de almacenamiento.
Cambian los empaques.
Llegan nuevos productos.
Se modifican procesos.
El almacén temporal se convierte en permanente.
Y algunas veces nadie vuelve a revisar el sistema contra incendios.
El resultado puede ser un edificio con un sistema completamente funcional, pero diseñado para una realidad que dejó de existir hace años.
Aquí surge una pregunta que debería hacerse periódicamente:
¿El sistema contra incendios sigue siendo compatible con la operación actual?
El caso de los espacios libres
Incluso cuando la mercancía y el rociador parecen compatibles, existen otras variables.
Una de ellas es el espacio entre la parte superior del almacenamiento y los rociadores.
FM Global, por ejemplo, establece separaciones mínimas dependiendo del tipo de rociador y configuración.
Ese espacio no es arbitrario.
Es parte del volumen necesario para que el incendio se desarrolle de la forma considerada durante las pruebas que dieron origen al criterio de protección.
Si el almacenamiento crece hasta prácticamente tocar los rociadores, el sistema puede dejar de comportarse como se esperaba.
Una vez más:
el rociador sigue ahí.
Pero la condición que permitió considerarlo adecuado desapareció.
La protección contra incendios es un sistema de condiciones
Cuando vemos una tabla de NFPA o FM Global es fácil concentrarnos únicamente en el dato final:
K25.2.
60 psi.
12 rociadores.
35 ft de almacenamiento.
40 ft de edificio.
Pero esos números forman parte de una condición completa.
Si cambiamos una sola variable, posiblemente tengamos que revisar todo el criterio.
Por eso es peligroso diseñar buscando primero una tabla que coincida con el rociador que ya tenemos.
El proceso debería ser al revés:
1. Identificar el riesgo real.
2. Entender la configuración de almacenamiento.
3. Determinar las limitaciones de altura y geometría.
4. Buscar un criterio reconocido que proteja esa condición.
5. Seleccionar el rociador.
6. Verificar hidráulicamente el sistema.
¿Qué pasa cuando no existe un criterio directo?
Este es uno de los escenarios más complicados.
Puede ocurrir que después de revisar NFPA 13, FM Global y las aprobaciones aplicables descubramos que no existe un esquema directo para la condición actual.
Entonces la solución no debería ser forzar una clasificación.
Las alternativas pueden incluir:
- reducir la altura de almacenamiento;
- modificar la configuración de racks;
- cambiar la forma de empaque;
- reducir la altura efectiva de protección;
- instalar protección intermedia o in-rack cuando exista un criterio aplicable;
- utilizar otro esquema reconocido;
- modificar el proceso;
- o consultar directamente al asegurador, AHJ o especialista correspondiente.
En algunos casos, la solución no está en cambiar el rociador.
Está en cambiar el riesgo.
El sistema existente no debe darnos una falsa sensación de seguridad
Quizá este sea el punto más importante.
Un edificio con rociadores transmite seguridad.
Visualmente vemos una red de protección instalada sobre nuestras cabezas.
Pero la verdadera protección no depende solamente de que el rociador exista.
Depende de que exista coherencia entre:
riesgo + mercancía + almacenamiento + altura + rociador + suministro de agua + criterio de diseño.
Cuando esas variables dejan de coincidir, tenemos un sistema instalado, pero no necesariamente un sistema adecuado para el incendio que podría ocurrir.
Por eso, cuando alguien dice:
“Tienes rociadores, pero el riesgo que tienes no corresponde al sistema instalado”,
no está diciendo que el sistema sea inútil.
Está diciendo algo más importante:
el edificio cambió, pero quizá su estrategia de protección no cambió con él.
Y ahí empieza nuevamente nuestro trabajo como ingenieros.
Primero entendamos el problema, después revisaremos la norma.







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