Cuando alguien dice “es fácil” pero tú nunca lo has hecho, lo que realmente falta es empatía técnica. Este fenómeno se llama “la maldición del conocimiento” y tiene implicaciones profundas en la formación, el liderazgo y la cultura de trabajo.
Es fácil”… ¿para quién?
Todos hemos estado ahí.
Alguien nos dice:
“Eso lo puedes hacer tú solo, es fácil.”
Pero tú nunca lo has hecho.
No sabes por dónde empezar.
Y te quedas con esa sensación incómoda de:
“Ajá… pero ¿cómo comienzo?”
Lo que para unos es obvio, para otros es un misterio.
Y no porque falte capacidad, sino porque falta experiencia.
¿Cómo se llama este fenómeno?.
En psicología cognitiva, esto se conoce como la maldición del conocimiento (curse of knowledge).
Es un sesgo que ocurre cuando alguien que domina un tema olvida lo difícil que fue aprenderlo y subestima lo que otros necesitan para entenderlo.
Fue acuñado en 1989 por Robin Hogarth y se ha estudiado en contextos educativos, empresariales y técnicos.
Una vez que sabemos algo, nos cuesta imaginar cómo es no saberlo.
Y eso afecta cómo explicamos, enseñamos y lideramos.
Ejemplos cotidianos.
En el trabajo técnico.
Un ingeniero dice:
“Solo tienes que abrir el plano, revisar el caudal y ajustar la curva.”
Pero el nuevo colaborador no sabe qué software usar, dónde está el plano, ni qué significa “ajustar la curva”.
En la capacitación.
Un instructor dice:
“Ya saben cómo se hace el cálculo hidráulico, ¿verdad?”
Y varios asistentes asienten por compromiso, aunque no lo dominan.
La sesión avanza… pero el aprendizaje no.
En la gestión de proyectos.
Un coordinador dice:
“Tú puedes hacer esa presentación, es solo copiar lo que hicimos la vez pasada.”
Pero el nuevo integrante no tiene acceso al archivo anterior, ni conoce el formato, ni entiende el contexto.
¿Por qué ocurre?.
La maldición del conocimiento se activa cuando:
El experto ha repetido la tarea muchas veces
El conocimiento se ha automatizado
No hay conciencia del proceso de aprendizaje inicial
Esto genera una brecha entre lo que el experto cree que el otro sabe…
y lo que el otro realmente necesita para comenzar.
Implicaciones en el trabajo.
1. Formación deficient.
Cuando no se explican los pasos básicos, los nuevos colaboradores se frustran, se equivocan o simplemente no aprenden.
2. Barreras de comunicación.
El experto usa términos técnicos sin contexto, lo que genera confusión y dependencia.
3. Riesgo operative.
En industrias como la protección contra incendios, una mala interpretación puede derivar en errores de diseño, instalación o mantenimiento.
4. Liderazgo poco empático.
Los líderes que no recuerdan lo que cuesta aprender, pierden conexión con sus equipos y generan ambientes de inseguridad técnica.
¿Cómo se supera?.
1. Reconocer la maldición del conocimiento.
Aceptar que lo que es fácil para ti, puede ser difícil para otros.
Y que eso no es falta de capacidad, sino falta de experiencia.
2. Explicar desde el punto cero.
No asumir que el otro sabe.
Comenzar por lo básico, incluso si parece obvio.
Ejemplo:
“Para abrir el plano, ve a esta carpeta, usa este software, y busca el archivo con este nombre.”
3. Usar ejemplos y analogías.
Traducir lo técnico en lo cotidiano.
Ejemplo:
“La curva de la bomba es como una receta: te dice cuánta agua puedes mover y con cuánta fuerza.”
4. Validar comprensión.
Preguntar:
“¿Qué parte te parece más confusa?”
“¿Quieres que lo hagamos juntos una vez?”
Reflexión
Decir “es fácil” no es el problema.
El problema es decirlo sin acompañar.
Sin explicar.
Sin recordar que todos fuimos principiantes alguna vez.
La maldición del conocimiento no se combate con más conocimiento.
Se combate con empatía.
Con pedagogía.
Con paciencia.
Porque enseñar no es mostrar lo que sabes.
Es ayudar al otro a saberlo también.
Conclusión.
En entornos técnicos, educativos y profesionales, la maldición del conocimiento es una barrera silenciosa pero poderosa.
Cuando alguien dice “lo puedes hacer tú solo”, pero no explica cómo…
no está empoderando. Está abandonando.
Y si queremos construir equipos competentes, seguros y colaborativos,
necesitamos más que expertos.
Necesitamos expertos que recuerden cómo se aprende.







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