Octubre 30, 2025
En el mundo de la protección contra incendios, solemos pensar que los mayores enemigos de la seguridad son las fallas técnicas, la falta de mantenimiento o los accidentes inesperados. Sin embargo, existen enemigos invisibles que habitan en nuestra forma de pensar y que pueden ser igual o más peligrosos: los sesgos cognitivos. Entre ellos destacan dos que afectan directamente la toma de decisiones en proyectos de sistemas contra incendios (SCI): la parálisis por análisis y la falacia del costo hundido.
1. La parálisis por análisis: cuando pensar demasiado detiene la acción
La “parálisis por análisis” ocurre cuando un profesional —en este caso, un ingeniero o responsable de un proyecto— dedica tanto tiempo a revisar, cuestionar y comparar alternativas que termina retrasando la entrega del diseño o la toma de decisiones críticas.
En los SCI, esto puede ser letal. Imagina a un ingeniero que debe definir el diseño de rociadores para un edificio de oficinas. Revisa normas NFPA, coteja con normativas locales, vuelve a calcular caudales, consulta con colegas, rehace diagramas hidráulicos, y así pasan semanas o meses. ¿El resultado? El cliente no recibe el proyecto a tiempo, la construcción avanza sin la infraestructura adecuada y el riesgo permanece latente.
En este punto, no decidir equivale a decidir por defecto: se mantiene la vulnerabilidad.
El análisis es valioso, pero debe tener un límite claro. Un diseño puede —y debe— optimizarse, pero jamás debe retrasarse tanto que la seguridad quede en pausa.
Ejemplo realista: Una planta maquiladora en el norte de México pospuso su instalación de rociadores durante 14 meses porque el equipo de ingeniería seguía ajustando planos. En ese lapso ocurrieron dos conatos de incendio que, afortunadamente, fueron controlados de manera manual. ¿Qué habría pasado si alguno se hubiera salido de control?
La lección: la seguridad no puede esperar a la perfección.
2. La falacia del costo hundido: cuando lo viejo cuesta más caro que lo nuevo
El otro enemigo silencioso es la falacia del costo hundido. Este sesgo aparece cuando un dueño, administrador o gerente insiste en seguir utilizando un equipo obsoleto o ineficiente porque “ya se invirtió mucho en él”.
En SCI, esto se observa con frecuencia en bombas contra incendios antiguas, sistemas de alarma que ya no cumplen norma o tuberías corroídas. El argumento suele ser:
- “No podemos cambiarlas, nos costaron demasiado en su momento.”
- “Con darle mantenimiento cada seis meses todavía aguanta.”
El problema es que lo que ya se gastó no se recupera. Lo relevante es lo que ocurrirá a partir de hoy: ¿seguirá protegiendo el sistema de manera confiable, o se convertirá en un punto débil?
Ejemplo realista: Un hotel decidió mantener una bomba de incendios de más de 25 años porque “ya estaba pagada”. Sin embargo, los constantes parches en refacciones, la falta de eficiencia en pruebas y el incumplimiento con normativas actuales terminaron costando más en mantenimiento que lo que habría costado reemplazarla. Peor aún: durante una inspección, Protección Civil clausuró temporalmente parte del edificio por incumplimiento en su sistema.
La lección: mantener un equipo obsoleto es, en realidad, una inversión en inseguridad.
3. La raíz común: sesgos que nublan el criterio técnico
Aunque la parálisis por análisis y la falacia del costo hundido parecen distintas, ambas nacen del mismo problema: permitir que la emoción o la percepción dominen sobre el criterio técnico.
- El ingeniero que no entrega por querer la perfección absoluta no reconoce que el riesgo aumenta cada día sin un sistema implementado.
- El dueño que insiste en mantener un sistema viejo por la inversión pasada ignora que los incendios no respetan sentimentalismos ni balances contables.
En ambos casos, el resultado es el mismo: la seguridad queda comprometida.
4. Cómo decidir con criterio técnico y no con sesgos
La solución no está en dejar de analizar o en cambiar equipos a la primera. Se trata de tomar decisiones con criterio técnico y visión estratégica:
- Definir plazos claros de decisión.
Cada proyecto debe tener un límite temporal para el diseño y la implementación. Más allá de esa fecha, la indecisión se convierte en riesgo. - Evaluar con indicadores objetivos.
- Vida útil real de los equipos.
- Cumplimiento con normativa actual.
- Costos comparativos de mantenimiento vs. reemplazo.
Estas métricas deben pesar más que el apego emocional o el miedo a invertir.
- Adoptar la mentalidad de “seguridad como inversión”.
La pregunta correcta no es “¿cuánto cuesta el sistema?” sino “¿cuánto costaría no tenerlo funcionando correctamente?”. - Separar lo técnico de lo personal.
Las decisiones deben basarse en cálculos hidráulicos, pruebas de eficiencia, cumplimiento normativo y buenas prácticas de ingeniería, no en percepciones subjetivas. - Buscar asesoría externa cuando hay duda.
A veces una segunda opinión de un consultor certificado permite romper la parálisis y justificar la decisión de actualizar equipos.
5. Reflexión final
En protección contra incendios, no decidir es ya una decisión, y casi siempre la más peligrosa.
La parálisis por análisis detiene proyectos críticos y prolonga la vulnerabilidad. La falacia del costo hundido perpetúa equipos que ya no ofrecen la protección necesaria. Ambos sesgos, aunque distintos, se traducen en el mismo desenlace: sistemas incompletos o ineficientes ante un riesgo que no espera.
Por eso, la clave está en decidir con criterio técnico, con visión de futuro y con la certeza de que la seguridad de vidas y patrimonio vale más que cualquier duda o inversión pasada.
En incendios, la peor decisión no es equivocarse… es no decidir.








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