Agosto 01, 2025
En el mundo de la ingeniería de protección contra incendios, tarde o temprano te enfrentas a una pregunta que define tu camino profesional:
¿Es mejor saber un poco de todo o dominar una sola cosa?
Es decir, ¿te conviertes en un todólogo que entiende alarmas, supresión, rociadores, análisis de riesgos, mantenimiento, normativas, instalación…?
¿O enfocas tu energía en convertirte en un verdadero especialista en uno de ellos?
Ambas opciones tienen sus ventajas, pero también implican riesgos. Este dilema no es nuevo, y tiene un trasfondo psicológico y práctico que vale la pena explorar.
Psicología del todólogo: ¿por qué queremos saber de todo?
En psicología se ha hablado durante décadas del síndrome del impostor, esa sensación interna de que “no sabes suficiente” o “no estás al nivel”.
Para algunos, la respuesta emocional a ese síndrome es aprender de todo un poco, para compensar.
Así, un diseñador que empezó con rociadores, luego estudia alarmas, luego análisis de riesgo, y de pronto… ya está hablando de seguridad industrial, control de accesos y señalización.
Esto genera una autoimagen de control: si sé de todo, puedo aportar en cualquier proyecto. Pero también puede llevar al desgaste. Porque saber de todo no es lo mismo que ser competente en todo.
Desde el enfoque del aprendizaje, la neurociencia también es clara: el aprendizaje profundo necesita enfoque. Si todo el tiempo saltamos de un tema a otro, nuestras conexiones neuronales no se fortalecen. Sabemos, pero no comprendemos profundamente.
El valor del especialista
Ahora veamos el otro extremo: el especialista.
El ingeniero que, por ejemplo, se ha dedicado 10 años solo a sistemas de rociadores.
Conoce las ediciones anteriores y futuras de la NFPA 13, ha instalado, diseñado, corregido y defendido sistemas ante el AHJ.
No sabe tanto de alarmas, y mucho menos de supresión con gases, pero… cuando hay un problema en rociadores, todos lo llaman a él o ella.
Desde una perspectiva pragmática, el especialista tiene mayor autoridad técnica.
También puede tener mejor reputación profesional (y mejores ingresos), pero el riesgo está en el aislamiento profesional: si su área cae en desuso, puede quedarse fuera del mercado.
Además, un especialista que no entiende al menos lo básico de las otras disciplinas, puede tener conflictos de coordinación, algo muy común en el diseño multidisciplinario.
¿Y entonces? ¿Qué es mejor?
La respuesta más sensata parece ser: ni todo, ni solo una cosa.
Se trata de buscar lo que en desarrollo profesional se llama «T-shaped skills».
Una persona con habilidades en forma de “T” tiene:
- Una línea horizontal: conocimientos generales en varias áreas (alarmas, normativas, supresión, etc.)
- Y una línea vertical: profundidad en un área específica (por ejemplo, diseño de rociadores o mantenimiento de bombas).
Este enfoque permite tener contexto y comprensión, sin perder expertise y autoridad técnica.
Casos reales y lecciones prácticas
Un cliente te llama porque su sistema de rociadores no pasó la prueba hidráulica.
Si solo eres diseñador, puedes argumentar que tu plano cumple.
Pero si también sabes de instalación, puedes detectar si el problema fue por una tubería mal colocada.
Y si además tienes conocimientos de alarmas, puedes sugerir revisar el sistema de supervisión, que no se activó como debería.
Sin embargo, si te enfrentas a una inspección de FM Global y no conoces bien la clasificación de mercancías, puedes meter al cliente en un problema serio.
Por eso, un conocimiento transversal básico es obligatorio, pero una especialización profunda es lo que te hace valioso.
Reflexión final
En protección contra incendios, como en la vida, no se trata de saber de todo… sino de saber elegir dónde sí te vas a volver experto.
Ser todólogo te hace visible, pero ser especialista te hace recordado.
Entonces, te invito a hacerte esta pregunta:
¿Qué parte del sistema contra incendios te hace vibrar más?
¿Los cálculos hidráulicos? ¿El análisis de riesgo? ¿La normativa? ¿La instalación en campo?
Encuentra eso.
Y hazlo tu zona de maestría.
Pero no olvides: aunque te especialices, sigue aprendiendo lo necesario para conversar con otras disciplinas. No para dominarlas, sino para respetarlas.
Porque, al final, la ingeniería no es un solo sistema.
Es una conversación entre sistemas.








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