Enero 08, 2026
En el mundo de los sistemas contra incendios (SCI), las decisiones que tomamos no solo dependen de cálculos, planos y normas como la NFPA o la NOM-002-STPS-2010. También dependen, muchas veces de forma invisible, de cómo percibimos a las personas con las que trabajamos. Uno de los sesgos más comunes en este terreno es el efecto halo.
El efecto halo es un sesgo cognitivo que ocurre cuando una sola característica positiva de una persona influye en nuestra percepción general de ella. Por ejemplo:
- Si alguien se comunica con seguridad, asumimos que domina todos los temas.
- Si un proveedor entrega rápido una vez, pensamos que siempre será eficiente.
- Si un ingeniero habla en inglés técnico fluido, creemos que también es impecable en cálculos o en obra.

El problema es que esta percepción puede ser engañosa.
El efecto halo en la industria de los SCI
En juntas de diseño, revisiones con consultores, capacitaciones o ferias como la NFPA Expo, el efecto halo aparece de formas muy sutiles:
- El consultor que “habla bonito”
Hay profesionales que tienen gran habilidad para expresarse, y eso puede llevar a que sus recomendaciones se tomen como palabra final, aunque no siempre tengan respaldo normativo. - El contratista que siempre dice “sí”
Genera confianza porque parece resolver todo. Pero aceptar sin cuestionar puede terminar en instalaciones mal hechas, cambios de última hora y sobrecostos. - El experto reconocido
A veces alguien con una gran trayectoria en un campo (por ejemplo, hidráulica) recibe credibilidad automática en áreas donde no es especialista (alarmas, materiales, seguridad humana).
Consecuencias del efecto halo en proyectos de SCI
El riesgo no es menor. Este sesgo puede generar:
- Decisiones basadas en impresiones, no en normas. Un “se ve confiable” puede pesar más que la NFPA 13 o 72.
- Diseños incompletos o mal fundamentados. La voz fuerte en la sala puede silenciar a quien sí trae la referencia técnica correcta.
- Clientes confundidos. Ven discusiones o cambios innecesarios y pierden confianza en el equipo.
- Desgaste emocional. Cuando un sesgo domina la conversación, la parte técnica queda en segundo plano, generando frustración en quienes sí hacen el trabajo con sustento.
Cómo detectar el efecto halo (3 señales claras)
- Se evita cuestionar al “líder de opinión”. Sus comentarios pasan sin revisión, aunque no haya cita normativa.
- Se generaliza la confianza. “Si ya hizo bien el plano eléctrico, también debe saber de hidráulica”.
- Se toman decisiones rápidas y sin evidencia. El peso está en la persona, no en el documento o la norma.
Cómo trabajar con este sesgo en los proyectos
Aunque no podemos eliminar el efecto halo (porque es natural en la mente humana), sí podemos gestionarlo:
- Volver siempre a la norma. La frase clave es: “¿En qué sección de la NFPA está esta recomendación?”.
- Separar roles. Reconocer que alguien puede ser muy bueno en logística, pero no necesariamente en cálculos hidráulicos.
- Dar voz a todos. En juntas, pedir explícitamente la opinión del equipo técnico más silencioso.
- Crear evidencia. Sustentar con planos, cálculos y referencias evita que la percepción pese más que el dato.
- Educar al cliente. Explicar estos sesgos ayuda a que entienda por qué pedimos revisar cada detalle, aunque alguien más ya haya dado su “aprobación rápida”.
Conclusión
El efecto halo nos recuerda que en la industria de los sistemas contra incendios no basta con confiar en la primera impresión. La protección real se construye con normas, cálculos, evidencias y trabajo en equipo.
Reconocer este sesgo no significa desconfiar de todo, sino aprender a equilibrar la percepción con la verificación técnica. Porque al final, lo que está en juego no es solo un proyecto, sino la seguridad de las personas y las instalaciones.







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